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El enorme cinismo por trato VIP a Emilio Lozoya Causó alarma, indignación y mucha molestia en el país, entre gran parte de la población el trato VIP de delincuente preferencial al ex director de Pemex, Emilio Lozoya, acusado de recibir más de diez millones de dólares por parte de la empresa trasnacional brasileña Odebrecht y de ser parte de todo un entramado corruptor de funcionarios y legisladores para que se diera paso a la famosa reforma energética que fue pulverizada por el gobierno de AMLO. Pero, después del enorme cinismo de lucirse y convivir en uno de los más lujosos restaurantes de la ciudad de México, en donde fue sorprendido, incluso increpado por una periodista, para ser la gota que derrama el vaso, pero también de poner al descubierto el pequeño tufillo a una enorme gama de corrupción alrededor de su “caso”. Lozoya, que después de andar evadido de la justicia mexicana ocho meses en España, y después de su extradición, se montó todo un teatro al estilo del director de cine y noticieros de televisión, Genaro García Luna, para que nadie lo viera o tomara una foto a su regreso a la ciudad de México como un delincuente extraditado, ya nada de supuesto. Se hizo todo un montaje y el esfuerzo como un preso plenipotenciario, que nunca pisó la cárcel, al ser llevado a un hospital acusando algún mal en su salud, cuando en la realidad goza de excelente salud, La osadía de Lozoya, pone en peligro a la gran trayectoria jurídica de muchos años de amplio prestigio del Fiscal General de la República, doctor Alejandro Gertz Manero, quien debe correr a subalternos, y también correr a reunir todas las débiles pruebas para que el famoso “testigo protegido”, pronto se le ponga el uniforme de reo de alguna de las cárceles de alta seguridad del país. Urge demostrar, que aquellos tiempos de los delincuentes de primera, segunda y de tercera quedaron en el pasado, y lo que se vio por la mayor parte de la gente en el orbe con Emilio Lozoya, fue algo como para el mejor guion de una película de Hollywood “en el país de nunca jamás”, se aplicará la justicia en trato igual a ricos y a pobres, en una brecha natural existente que no se ha podido eliminar las estructuras nacionales. Ahora, si de darle de nuevo un “usted perdone”, para que, desde su retorno al país en su extradición de España, se hizo toda una simulación en el Teatro de “Cachirulo” y hasta de Cuqui la Ratita, para poner a una persona disfrazada de Lozoya, para que nadie osara tomarle una fotografía con esposas. Ya portando un brazalete, que no es de oro con incrustaciones de diamantes, sino de preso domiciliario que le impide andar de fiesta en fiesta, a Emilio Lozoya, su “valemadrismo”, seguramente le costará un auto de formal prisión, o de lo contrario, el Fiscal Gertz, le andarán cantando las golondrinas, porque a pesar de que no es ningún carcelero o política, seguramente se le vendrá el mundo encima, como ya lo dijo el presidente AMLO, muy molesto en la conferencia de prensa mañanera. Que se aplique la ley, que se dejen de actuar con aquellos tiempos de la clásica justicia selectiva, y que lo pongan a Lozoya, un tiempo en la sombra o en definitiva que se le premie de nuevo con un cargo de renombre, porque incluso ni con el pétalo de una rosa, le han aplicado de la contraloría de la función pública, alguna suspensión de ejercer un cargo público como se desvaneció con Luis Videgaray, porque en ese tema de la justicia, aquí hay a quienes les anda temblando la mano. Luego entonces, el bote es bote, en China o en México, pero con esas jaladas de arreglos y acuerdos, lo más probable es que vayan a rodar cabezas de algunos funcionarios, o hasta se culpe al portero de la residencia de Emilio Lozoya, de que lo dejó salir a pasear. Andale, pero en la realidad junto con sus consanguíneos, es una bonita familia, todos indiciados y participes de sobornos y corrupción en Pemex. Ya mejor que lo manden de embajador a Brasil. Al tiempo. Y como dirían los chavos, es premio o castigo, porque de que las puede, las puede y rete bien. Al viejo estilo del colombiano Pablo escobar, en una de esas, hasta se construye su propia cárcel, de ser necesario, Así las cosas.