Indiferencia institucional; CFE y su aseguradora abandonan a familia de Veracruz tras brutal choque; adeudan millones en cirugías
Alejandro Ávila
Veracruz, Ver.- Lo que debía ser el regreso tranquilo a casa tras una tarde de entrenamiento en El Tejar, se convirtió en una auténtica pesadilla que hoy tiene al borde del colapso a una familia veracruzana.
El pasado 12 de septiembre, a la altura de la localidad Juan Alfaro, la vida de esta familia cambió para siempre cuando una pesada camioneta oficial de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) embistió violentamente el vehículo en el que viajaban.
Lejos de asumir una postura humanitaria y de responsabilidad civil, la CFE y su empresa aseguradora han optado por la opacidad, el regateo y una fría indiferencia que indigna a toda la sociedad.
Fermín Canga Martínez, padre de familia, quedó atrapado y prensado entre los fierros retorcidos de su automóvil durante dos horas y media, agonizando mientras esperaba el auxilio que tardó una eternidad en llegar.

Hoy, el panorama médico de Fermín es crítico, permanece internado luchando por su vida con múltiples y graves fracturas que destrozaron su rostro, clavícula, costillas, brazo, cadera, rodilla y pie, además de presentar severas afectaciones pulmonares que lo obligan a requerir al menos cuatro cirugías de urgencia.
La tragedia no se detiene en él, sus cuatro hijos menores de edad también sufrieron las fatales consecuencias de la negligencia en el camino, una pequeña de tan solo siete años tuvo que soportar un calvario de 16 días internada en el hospital, mientras que su hermano adolescente requirió una delicada cirugía facial, los otros dos menores, aunque sobrevivieron con golpes y contusiones, llevan en su memoria el trauma imborrable de ver a su padre atrapado y a su familia destrozada.

De acuerdo con la abogada de la familia, Diana Soriano, los gastos médicos acumulados ya superan la escandalosa cifra de un millón y medio de pesos, a los que se le deben sumar otros 500 mil pesos indispensables para cubrir las intervenciones quirúrgicas que Fermín necesita de manera urgente; sin embargo, en un acto que roza la crueldad y la burla, la representante de la aseguradora contratada por la CFE tuvo la audacia de ofrecer una mísera suma de 300 mil pesos como pago único para «resolver» el caso, una cifra ofensiva que demuestra la absoluta falta de empatía y el desprecio con el que las grandes instituciones tratan a las víctimas cuando los daños son provocados por sus propios vehículos oficiales.
Ante la negativa de las autoridades y la indolencia de la empresa productiva del estado, los familiares no tuvieron más opción que alzar la voz y bloquear la avenida Salvador Díaz Mirón, cansados de tocar puertas cerradas y de recibir largas por parte de una aseguradora que prefiere litigar en escritorios mientras una vida se apaga en la cama de un hospital.
“Lo único que estamos pidiendo es que se hagan responsables”, reclamó con desesperación la abogada Soriano, mientras Gaudencia Aquino Zárate, esposa de Fermín, ve pasar los días con el Jesús en la boca, esperando la autorización médica y financiera para que su esposo pueda ser operado antes de que sea demasiado tarde.
La sociedad veracruzana observa indignada cómo la CFE (una empresa que presume millones en presupuesto) deja en el total desamparo a los ciudadanos comunes que hoy pagan con sangre y dolor las consecuencias de la irresponsabilidad al volante de sus operadores.









